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domingo, 10 de junio de 2018

Estocolmo, "La bella sobre el agua"

Dos días son suficientes para enamorarte de la estilosa capital de Suecia. Fácil de visitar y hermosa desde cualquier punto. Un pintoresco recorrido que comienza en el casco histórico y termina en el imponente Palacio de Drottningholm. Un tesoro a los ojos de todo el mundo.

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miércoles, 9 de marzo de 2016

Malmö, Hjarüp y Lund (día 4)

En nuestro cuarto día en tierras escandinavas teníamos otros de los platos fuertes. Malmö, famosa por ser una de las ciudades más verdes y líder en el desarrollo sostenible y energías renovables sería nuestra siguiente parada.
Una vez desayunados fuimos a la estación de København H para coger el tren destino Suecia.
Un trayecto de poco más de media hora a través del Puente de Øresund, el puente combinado tren-carretera más largo de Europa que une la capital danesa con Malmö. Una vez en la ciudad sueca te das cuenta del increíble contraste de lo antiguo y lo moderno, edificios históricos conviven perfectamente en armonía con acristalados y altos edificios de oficinas, algo que no deja a nadie indiferente, ¡seguro!.
Nada más salir de la estación y dejando atrás el edificio de la Bolsa nos dirigimos al Malmöhus, una fortaleza situada a poca distancia del centro de la ciudad y que, muy a nuestro pesar nos dejó con las ganas de más. De camino sin embargo hubo algo que nos llamó la atención; un vertido de color verde en medio de la acera confirmó nuestras sospechas acerca de eso de "una de las ciudades más verdes del mundo"...en fin.
Siguiendo con la ruta y camino de Ribersborg, la playa de la ciudad nos dimos cuenta del increíble viento que hacía y que nos haría pasar uno de los días más fríos de nuestras vidas. La panorámica desde ella, eso sí, mereció la pena.
Con las manos y los pies congelados seguimos adelante para observar el puerto y la zona marítima de Västrahamnen desde la que se tiene una perspectiva única del Turning Torso, el segundo edificio residencial más alto de Europa que, con sus 190 metros de altura y 54 plantas está inspirada en una columna vertebral en movimiento. ¡Espectacular!. Raro me parece que siendo obra de Santiago Calatrava no esté derruida o defectuosa.
-Pero...¿dónde está mi pasaporte?, exclamó Giada. El corazón nos dió un vuelco; corrimos hacia la zona de la playa donde habíamos estado fotografiandonos con la esperanza de encontrarlo allí tirado; de lo contrario...teníamos un problema serio. Mirando al suelo, buscando y rebuscando dimos con él. Asombrosamente ahí estaba, tirado sobre el césped junto al resto de la documentación, como si alguien los hubiera colocado cuidadosamente. ¡Menuda suerte tuvimos!.
Ya más relajados y hablando sobre qué hubiese pasado en caso de perderlo nos dirigimos al pié del Turning Torso, en el cuál una ráfaga de viento casi tira a Giada a un lago artificial situado justo a la entrada del mismo. El día estaba anecdótico.
De vuelta al centro de la ciudad y desde un bonito puente sobre uno de los canales que cruzan la ciudad se observaba perfectamente ese gran contraste de arquitectura, como esa panorámica en la que la Malmö University College resalta entre acristaladas oficinas.
Internándonos poco a poco en el centro histórico y justo antes de comer en un restaurante de comida rápida dimos con Stortoget, la plaza más importante de la ciudad y la que un día fue la mayor plaza de mercado de Escandinavia. En ella se encuentra además el ayuntamiento.
Después de una necesaria parada para llenar los estómagos volvimos a la Malmö centralstation para comprar un par de tickets dirección Lund. 
Ya sentados en nuestros respectivos asientos del tren, sin haberlo planeado ni saber lo que nos deperaría decidimos bajamos en un pequeño pueblo a medio camino que, al menos desde las ventanillas parecía tener bastante buena pinta. ¡No pudimos hacer mejor!. 
Hjärup, un pequeñísimo y remoto pueblo nos cautivó nada más bajar de la estación.
Paseando por la que parecía ser la única calle dimos con un corpulento hombre que recién salía de su casita de cuento, en pijama y bata. Al poco tiempo se le bajó el pantalón dejando ver durante unos instantes su enorme culo nórdico. ¡El tío ni se inmutó!, es más, empezó a reírse al vernos. ¡Qué majete!.
Motivados por nuestro gran descubrimiento volvimos a la parada de tren para, esta vez si, llegar hasta Lund, una de las ciudades más antiguas de Suecia y con un ambiente universitario único en la zona, de hecho, ¡alberga la mayor universidad de toda Escandinavia!.
Sin embargo, aparte de la Universidad alrededor de la que gira casi toda la vida de la ciudad, el gran atractivo de Lund es la Lunds domkyrka, la catedral románica que poco tiene que ver con las moles de ladrillo que se acostumbran a ver por la zona.
Tras un paseo por las calles céntricas de la ciudad y un café bien calentito en un local lleno de lo que supusimos serian estudiantes volvimos a la estación para tomar el tren de regreso a Copenhague. Había sido un día agotador, aún así queríamos aprovechar nuestra última noche en la capital danesa así que después de cenar fuimos a un pub. 
Entre mojitos y cervezas acabamos bailando junto a lugareños, contentos de todo lo que habíamos visto hasta ahora y de haberlo pasado genial.
¡Un gran día!.

Hillerød, Helsingør y Helsingborg (día 3)

Con la capital ya vista y disfrutada nuestra siguiente parada fue Hillerød, un pequeño pueblo situado a poco menos de 40 kilómetros de Copenhague y famoso por poseer uno de los castillos más bonitos de todo Dinamarca. Después del desayuno nos dirigimos a coger el tren que nos llevaría, previo trayecto de cuarenta minutos hasta el mismo centro del poblado.
La lluvia caía con fuerza y la primera vez que divisamos el famoso Frederiksborg Castle al otro lado de un gran lago congelado fue casi como una aparición fantasmal tras la niebla. ¡Precioso!.
Caminando junto a la orilla del lago por un caminito y observando cómo aterrizaban en el hielo deslizándose una bandada de cisnes y patos llegamos a la puerta principal del castillo, ¡una vista estupenda!.
Se trata del mayor castillo danés de época del Renacimiento y todo el recinto está situado sobre tres pequeñas islas. Los jardines adyacentes son realmente bonitos y un día veraniego y soleado tiene que ser realmente espectacular.
Tras unas problemáticas condiciones climatológicas para fotografiar nos dispusimos a poner rumbo a Helsingør, una de las ciudades más relevantes de la zona norte de la isla de Zelandia y famosa por atesorar el Kronborg Castle, el castillo en el cual trama la historia de Halmlet de Shakespeare.
A la llegada al pueblo y con la lluvia no dándonos ni un respiro caminamos junto al puerto dirección la basta fortaleza. El castillo emergía en una pequeña península artificial en forma de pentágono desde la cual en los días claros se puede divisar la costa sueca, al otro lado del Mar Báltico.
Mientras me peleaba con la cámara y las gotitas de agua que inundaban el objetivo, mi maravillosa compañera planeaba tirarme una bola de nieve que, a última hora y por pena no me lanzó. ¡Qué maja!, ¿verdad?. Nos fuimos a comer. Buscando y rebuscando un sitio en el que saciarnos dimos con un pequeñísimo local de hamburguesas y comida turca en el cual estuvimos muy a gusto. Su gerente, de origen libanés era realmente amable y nos cocinó una de las mejores hamburguesas que he comido nunca, todo ello amenizado con música flamenca. ¡Como en casa!.
Como aún teníamos un par de horas de luz decidimos comprar un par de tickets del ferry "Aurora af Helsingborg" de Scandlines y atravesar el estrecho de Øresund hasta Suecia.
Una vez dentro del crucero, bastante mejor equipado de lo que esperábamos, dejamos atrás Dinamarca y el majestuoso Kronborg Castle. Apenas veinte minutos más tarde arribamos a la ciudad sueca de Helsingborg, ¡no tenía mala pinta!.
Ya sobre suelo sueco lo primero que llama la atención es el edificio del ayuntamiento, fácilmente reconocible gracias a su gran torre de 65 metros de altura y su fachada de ladrillo rojo. ¡Muy bonito!.
A través de una de las calles colindantes al edificio se accede a una gran escalinata en la cual, en lo alto aparece el símbolo de la ciudad, la Kärnan o Torre de Helsingborg.
Se trata de una interesante fortificación de defensa culminada por una torre de 34 metros de alto y rodeada de miradores desde los cuales se tiene una vista privilegiada de la ciudad y del estrecho de Øresund.
Ya de vuelta al centro de la ciudad dimos un pequeño paseo por las calles peatonales del centro antes de volver al crucero y coger el tren destino Copenhague. Fue un día absolutamente bien aprovechado, conocimos muchos más lugares de los que teníamos pensado y lo más importante, ¡nos encantó!.
¡Un día genial!.